Los 4 pilares de la terapia del Parkinson
¡Un nuevo enfoque para el Parkinson!

Cada uno de nosotros vive una condición degenerativa llamada envejecimiento, pero la mayoría de las personas de 70 años no se sienten limitadas por la disminución de su capacidad para hacer ciertas cosas. Con el Parkinson, aceptar y adaptarse a esta realidad es más difícil, porque uno está menos preparado para afrontarlo.
Sin embargo, es necesario acostumbrarse y, al igual que ocurre con el envejecimiento, aceptar el hecho de que estamos en constante cambio. Los sistemas sanitarios en Europa no siempre juegan a nuestro favor. Se realiza el diagnóstico, se prescribe un conjunto de medicamentos y se fija una cita para el año siguiente. Esto supone un impacto psicológico fuerte, muchas veces poco comprendido, que afecta tanto al paciente como a su familia. Las preguntas surgen de manera natural: “¿Qué debemos hacer? ¿Qué va a pasar?”

Según un estudio muy conocido, el Parkinson Outcomes Project, los principales factores que deterioran la calidad de vida de una persona con Parkinson son la apatía y la depresión.
No son solo los medicamentos los que cambian la vida de una persona deprimida, sino que es necesario que los cuatro elementos tengan el mismo peso.
No sorprende que más del 50% de las personas con Parkinson estén clínicamente deprimidas y que la gran mayoría tienda a encerrarse en sí misma en lugar de buscar ayuda. La triste realidad del Parkinson es la desinformación.
Todo sería muy diferente si se dijera: “Es posible reducir los síntomas hasta en un 40%; se puede ralentizar la progresión, y tu vida será más valiosa si tomas las decisiones correctas.”
Algunas personas son reacias a admitir que tienen Parkinson, casi como si temieran ser consideradas diferentes o más débiles. Sin embargo, incluso un atleta de los Juegos Paralímpicos es aplaudido porque ha decidido luchar. Quien enfrenta la adversidad con determinación es más fuerte.
Frases como “El Parkinson me ha hecho una mejor persona” o “El Parkinson ha sido una oportunidad” tienen poco sentido en el momento del diagnóstico.
Según el Parkinson Outcomes Project, los factores que más afectan la calidad de vida no son los síntomas motores, sino la apatía y la depresión. Este punto es fundamental para aprender a convivir con la enfermedad.
Es frecuente encontrar familias devastadas por el Parkinson, y semana tras semana explicamos que esta enfermedad puede generar un cambio que, bien afrontado, puede fortalecerlas y abrir nuevas oportunidades. El Parkinson no destruye nuestra vida, pero sí impone límites a los que debemos adaptarnos.
Nuestro enfoque terapéutico se basa en el concepto de cuatro pilares fundamentales para mantener una buena calidad de vida. Los medicamentos son, por supuesto, centrales, pero una casa con una sola pared no puede sostener el techo.
No son solo los fármacos los que cambian la vida: es necesario que los cuatro pilares tengan el mismo peso. Si queremos aprender un idioma extranjero, una hora a la semana no es suficiente.
Dos semanas de inmersión total tendrían un impacto mucho mayor. Y obtendríamos aún más si aplicáramos lo aprendido cada día y habláramos ese idioma durante el resto de nuestra vida.
Con el Parkinson ocurre exactamente lo mismo.
