Buenas noches, os agradezco la oportunidad que me habéis brindado. ¿Mi experiencia de 11 años con mi «amigo»? Lo resumo con una metáfora. Antes, mi vida se podía resumir como un balancín, como esos de los niños: uno sube y el otro baja. Llegaban los problemas y yo los compensaba dando el peso justo a las cosas que me sucedían. Entonces llegó el Parkinson con todo su peso. Comprendí que, si lo dejaba en un extremo, no lograría equilibrarlo o, al menos, tendría que hacer un esfuerzo descomunal. No hice otra cosa que moverlo justo al eje, al centro de mi vida. Y todo volvió a ser ligero. Ahora esta es mi filosofía. He empezado a escribir poesía, he publicado un libro, pinto cuadros con técnicas nuevas y expongo en galerías. Mi vida sin «él» habría sido distinta; me siento afortunado por vivir esta experiencia, que no es común. Os doy las gracias. Buenas noches