Es verdad que oír «tienes Parkinson» es una experiencia difícil de aceptar; durante un tiempo es el último pensamiento de la noche y el primero de la mañana. Pero yo he tenido la suerte de ser informada de la existencia de vuestro Centro y, aunque con un poco de temor, vine a conoceros. He encontrado amigos afectuosos, profesionales excepcionales, simpáticos y divertidos que me han ayudado a encontrar en mí misma la fuerza para reaccionar y combatir con determinación y serenidad. Hace poco que he regresado de mi semana en Boario y todavía estoy viviendo las emociones positivas de vuestras «curas». Os agradezco muchísimo la energía que me habéis dado y el convencimiento de que no soy rehén de una enfermedad degenerativa, sino protagonista de una batalla para la cual me habéis dado armas eficaces. Un gran abrazo.